domingo, 11 de octubre de 2009

donde todos hemos estado.

Tú también has estado ahí.


Después de una ruptura, del final de un trabajo, de una amistad, de una etapa, después de la muerte de un ser querido. 


Todos hemos estado ahí.


Cuando todo sucede, pasas días contemplando la casa, el apartamento, el coche, la habitación, puede ser hasta una esquina.


Un buen día, decides entrar.


Al principio es tétrico, lo admito. Un lugar obscuro, lleno de polvo, con las ventanas cerradas, lleno de bichos, lleno de recuerdos. Así es el lugar al que regresas cuando todo acaba. No quieres desempolvar los cajones, no quieres abrir las ventanas, sientes que todo ha acabado y no tiene sentido volver a ver la luz.


Un día, te paseas alrededor sin ganas y te encuentras con tu maquina de escribir, vieja y empolvada. Te preguntas si….. no. Mejor no. La dejas ahí, sin tocarla, no vale la pena intentar escribir nada. Aun así, ahora no puedes dejar de verla, mientras respiras el aire viejo y empolvado te sientes tentado a sentarte en la silla y dejar tus dedos fluir por esas teclas antiguas que provocan un sonido tan relajante.


Llega el momento en el que ya no puedes mas, necesitas sacarlo de ti, necesitas saber si todavía te queda algo. Así que con más miedo que ganas, te sientas y presionas una tecla empolvada, cualquiera. Un poco de polvo se esparce y te hace estornudar, lo que esparce más polvo y te hace ahogarte. Simplemente te levantas y te alejas de aquella maquina asesina.
Por días la observas con rencor y simplemente te vuelves a sumir en tu abismo, en tu lugar empolvado. Te llenas de recuerdos aun sin haber abierto el baúl de los recuerdos que se encuentra tan cerca de ti, así que simplemente te sientas y lloras, dejando que las lagrimas acojan el polvo y se pierdan en las aberturas del gastado piso de madera. Ahora has perdido la poca valentía que habías acumulado, y te sientes peor.


Después de lo que parecen años de llanto y polvo y mas llanto, te vuelves a acercar a la maquina de escribir. Paseas tus dedos sobre la mesa, muy cerca de ella, tentándote a hacerlo, llenándote los dedos de polvo, hasta que finalmente no puedes mas, te sientas y comienzas a teclear, dejando tus dedos fluir a la par con tus sentimientos, sin siquiera pensar escribes y poco a poco, pagina a pagina, vas encontrando la escalera para salir del abismo. En algún momento te das cuenta de que necesitas luz, así que decides abrir la ventana frente a ti, un poco de luz no le hará daño a nadie, ¿no? Cuidadosamente abres la ventana. Al principio la luz del sol te ciega, sientes que te ahogas por el aire fresco, hacia tanto que no respirabas aire limpio. Simplemente te quedas ahí, dejando que la luz alumbre tu casa, dejando que se ventile, suspirando tristeza para poder sacarla toda y empezar de nuevo. Entre duda y necesidad, abres otra ventana y otra más.


Cuando te das cuenta estas en el jardín con tu maquina de escribir, terminando una historia infinita, llena de pasado y dolor. La casa ya no es oscura y tenebrosa, ya no esta llena de recuerdos horribles, ahora es simplemente la casa y los recuerdos son simplemente recuerdos de una vida bien recorrida, bien vivida.


Uno de esos días de sol y paz, sientes que ya no puedes escribir más. ¿Qué final le das a una historia que simplemente es vida? ¿Cómo le pones fin a una historia sin acabar? Comienzas a dar vueltas en círculos, analizando tus opciones y mientras lo haces una ráfaga de viento choca contra ti y te hace sonreír. Juegas con el aire y sonríes dando vueltas, te sientes libre y por primera vez en tanto tiempo, TE SIENTES BIEN. Tan bien que nunca te das cuenta de que el viento se lleva tus páginas, tú historia, se lo lleva casi todo. Dejándote solo con una pagina en blanco en la maquina de escribir, esa casa ahora llena de luz y miles de finales posibles, que luego tendrás tiempo de escribir.




Por ahora, es tiempo de vivir.

1 comentario:

Gaby dijo...

Y a escribir la verdadera historia, que es la que se vive día a día, con lluvia y con sol, con sonrisas y con tristezas, pero la que se va dibujando y escribiendo mientras la vivimos. No nos queda otra. Aunque a veces duela.

Besos!!