Apareces de la nada entre el silencio y el ring de una llamada entrante y en seguida te reconozco la voz. Por un momento callo porque no te esperaba.. o si. Supongo que he pasado toda mi vida esperándote y tú no te das cuenta.
Me reclamas el silencio y acotas que no me llamas porque te parece que cuando me llamas me incomodas, que te parece que prefiero hablar contigo una vez cada seis meses.
Y me preguntas que si soy feliz.
“Algún día lo seré.”
Me preguntas que si salgo con alguien y a la respuesta me das un tímido “si eso es lo que tu decidiste yo te apoyo, por lo que valga te apoyo”. Son las palabras que quería escuchar y la verdad creo que quise llorar y lo reprimí, ya no recuerdo.
Contigo es así. No hay alegrías. Hay las sobras de la tristeza... Hay mis ganas de hablarte y tus manos muy ocupadas en tu familia como para contestar la llamada. Hay 6 horas de diferencia y papeles con tu nombre que ya no valen de nada porque ahora lo que vale es quien soy, no de donde vengo.
Hay lo que me faltas y lo que crees que no me importas.
Lo que me dañas…
…y juras que no dueles.

1 comentario:
Un juramento falso entonces.
:(
Te abrazo
Mar
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