Siempre te esperaba frente a la puerta, en el pasillo.
Siempre corría al teléfono esperando escuchar tu voz.
Con los años empecé a entender que no llegarías, que solo llamarías una vez al mes.
La vida me enseñó que no volverías.
Y así vamos, defraudándonos.
Tu con tu amor eterno nunca demostrado y yo con mi necesidad patética de ser la única e incomparable, la primera, la inolvidable.
Tu con tu manía de nunca olvidar las fechas, yo pretendiendo que no cuento los días esperando que escribas, que llames. Olvidando a propósito felicitarte.
Tu con tu facilidad para romperme el corazón y yo con mi obsesión por pretender que nunca lo haces. Por pegarme los pedazos con cinta invisible para que nadie vea, para defenderte ante el mundo o morir en el intento.
En fin, siempre defraudándonos, tú sin querer y yo para cobrarte.
Me pregunto si algún día dejaremos de ser cobardes.
Siempre te esperaré frente a la puerta... en el pasillo.

3 comentarios:
Cuando sea tarde...
"Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí"...
Yo también tengo esa necesidad patética de ser la única, la primera, la inolvidable.
¿No lo soy? ¿ O en realidad no ha habido nadie que me haga sentir que si ?
Que tremenda palabra esa de “defraudarnos” y pensar que es algo tan cotidiano.
Tamaño de letras las tuyas Laura, tremendas
Un abrazo
Mar
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